
35
años no es nada.
Hace
dos años, Les Luthiers y la Camerata Bariloche llegaron al Colón. El año
pasado, tocaron en La Plata. Van por más.
En el 2000, Les Luthiers y la Camerata Bariloche se presentaron juntos en el
Teatro Colón, a beneficio del Collegium Mozarteum, donde estudiaron, entre
otros, Alberto Lysy, fundador de la Camerata, y Carlos López Puccio. El
concierto se llamó Do-Re-Mi-Já. Por
humor al arte y combinó creaciones de Bach, Mozart, Bartók o Piazzolla con
las del mítico Johann Sebastian Mastropiero. En diciembre del año pasado, la
cumbre se repitió en el Teatro Argentino de La Plata. Pero El Grosso Concerto duró poco: la caída del gobierno de De la Rúa
y el caos económico le quitaron continuidad al espectáculo. A partir de mañana,
las dos agrupaciones —ambas de 35 años, ambas veneradas aquí y fuera de la
Argentina— volverán a hacerlo en el Luna Park.
Núñez Cortés y Hasaj se sientan frente a frente, mesa bajita de por medio,
como dos ajedrecistas. Mañana, compartirán escenario para interpretar la ópera La hija del Escipión, Las
Majas del Bergantín, Concierto de
Mpkstroff y Concerto Grosso Alla Rústica
opus 58 de Johann Sebastian Mastropiero, "interpretado por concertino
puneño compuesto por quena, charango y bombo, y orquesta de cuerdas
alternada". Pero ahora cada uno habla de su repertorio (el de La Camerata
incluirá el estreno de obras de Piazzolla con arreglos de José Bragato) y
responde un ping-pong que muestra simetrías y asimetrías.
¿Qué fue lo más absurdo que les pasó sobre el escenario?
Núnez Cortés: Estábamos haciendo
una obra llamada La campana suonerá.
Yo tenía que tocar una campana a unos cuatro metros de altura e inventaba cosas
para subir. En un momento, tenía que serruchar el piso, como en El
Correcaminos. Se había roto el serrucho de utilería y esa noche tuvimos que
usar uno verdadero. Al soltarlo desde la altura, me abrió feo la mano (muestra
la cicatriz, una especie de cienpiés). Sangrando, terminé la obra. Y les dije
a mis compañeros que no podía seguir. Marcos Mundstock salió primero y pidió
un médico. La respuesta del público fue una gran carcajada. Después salieron
todos y dijeron que era en serio. Otra carcajada y aplausos. No había forma de
convencer a la gente de que era verdad. En otra ocasión, una mujer alienada
quiso subir al escenario mientras hacíamos Quién
mató a Tom Mc Coffee y también se confundieron ficción y realidad.
¿Y cuál fue el instante más emotivo?
Núñez Cortés: El día en que
tocamos por primera vez en el Colón, el 11 de agosto de 1986. Para nosotros
fue, Dios mío, algo muy emocionante. Recuerdo que lloramos. Entrar al Colón
con nuestra humilde parodia de la música culta... Después de todo, nosotros
surgimos cargando a esta gente, riéndonos de eso, de ese ámbito que finalmente
nos abrió la puertas.
¿Existen prejuicio en el ámbito de la música
clásica respecto de la parodia? ¿Qué significa para Les Luthiers tocar con la
Camerata y viceversa?
Núñez Cortés: Me pongo en el lugar
de la Camerata y me digo que ellos tienen que cargar con algo y que para
nosotros es todo lo contrario. Presentarnos con la Camerata nos da jerarquía,
nos confirma que lo nuestro es valioso. El pequeño universo de la música con
humor tiene validez desde que Mozart la hizo hasta nuestros días. Pero me pongo
en la piel de Fernando...
Hasaj: Entre nuestros colegas hay es
un sentimento de envidia porque compartimos escenario con Les Luthiers. Nos
divertimos mucho ensayando y tocando con ellos, y nuestro compromiso es tan
grande como cuando tocamos con Rostropovich. Tratamos de estar a la altura de
ellos.
¿Qué instante, por mínimo que haya
sido, les quedó grabado para siempre?
Núñez Cortés: La primera vez que
tocamos en las Islas Canarias, en 1981, un hombre gritó: ¡El Teorema de
Thales! Y yo, que había escrito esa obrita en los primeros años de la
facultad, como un divertimento, sentí una rara emoción. En un lugar remoto,
ese pentagrama se había transformado en un deseo, en una flecha que había
tirado y que no me pertenecía más.
Hasaj: Yo, más que un grito, recuerdo
una situación. El final del concierto con Rostropovich. Con su costumbre de
europeo del este, me dio besos, abrazos, me hizo parar en la tarima, adelante.
Llegar a pensar que era una broma, pero él era así. Para colmo, le habían
dicho que mi apellido era de origen húngaro y yo no podía convencerlo de que
mi padre era esloveno. Rostropovich me hablaba en húngaro y yo no entendía
nada.Probé con el inglés, el italiano, incluso el esloveno...
¿Tienen algún ritual antes de subir al
escenario, alguna cábala que los libre de estas situaciones?
Nuñez Cortés: No. Todo lo contrario.
Nombramos a gente de mal agüero, hacemos un gran repertorio de obras
prohibidas, y tenemos hasta silbadores en algunos espectáculos, algo que es
considerado yeta. En la música hay mucho cabulero, óperas que no se pueden
hacer. Pero nosotros somos positivistas, acometemos contra eso.
Hasaj: En la Camerata tampoco hay
rituales. Antes de subir al escenario nos preocupan más los distraídos que las
cábalas.
Con rituales o sin ellos, ¿cómo se
puede seguir conviviendo después de 35 años?
Nuñez Cortés: Lo nuestro es un
matrimonio de cinco personas que durante ese lapso ha pasado por desavenencias,
problemas, inclusive radiaciones: la muerte de Gerardo Masana, la separación de
Ernesto Acher. Hubo momentos bastante bravos. Pero más factores de cohesión
que de disolución. El éxito es uno. O la sensación de que los compañeros son
buenas personas; sensación que tiene del resto, porque yo soy bastante malo.
Hicimos terapia de grupo durante 15 años. Pero, ahora, la convivencia se hace más
fácil día a día.
Hasaj: La Camerata tiene la misma edad
que Les Luthiers pero ha tenido recambios totales. No vamos al psicólogo todos
juntos porque serían sesiones un tanto numerosas. Pero vamos por separado y,
además, tenemos buena convivencia, nos llevamos bien, estamos tranquilos.