
Les Luthiers sigue siendo...
Seis mil
espectadores vieron en el Astengo al exitoso quinteto. La agrupación musical se
despidió de Rosario luego de seis funciones con sus éxitos de ayer.
Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés
y Daniel Rabinovich siguen cumpliendo la misión de pulverizar la conexión con
el mundo exterior por un par de horas. El público, agradecido, sobre todo en
estos días donde la realidad argentina sólo puede provocar gestos de fastidio,
bronca y angustias. Les Luthiers provoca ataques de risa, lo que hoy no es poco.
Casi es un milagro en esta clase media devaluada y afectada monetaria y
psiquicamente.
Como suele hacerlo desde 1981, Les Luthiers estrenó en Rosario su nuevo espectáculo. Esta vez se sucedieron seis noches a teatro lleno en el Fundación Astengo con "Las obras de ayer. El refrito", una antología seleccionada entre las piezas escritas por el grupo en sus 35 años de carrera. Alrededor de 6000 espectadores, en una maratón de funciones que finalizó el sábado último. Así, desfilaron desde clásicos de hace 25 años de "Mastropiero que nunca" hasta éxitos de espectáculos más recientes como "Unen canto con humor" y "Todo porque rías", pasando por algunos momento de "El reír de los cantares", "Por humor al arte" u "Grandes hitos".
Mucha agua corrió bajo el puente desde aquellos años de fines de los '60 cuando, durante el Festival de Coros Universitarios realizado en Tucumán, un grupo de integrantes de uno de los coros de la Universidad de Buenos Aires presentó un espectáculo de música y humor, acompañados por sus extraños instrumentos construidos por ellos mismos con materiales caseros. Así nació Les Luthiers -aunque sin nombre todavía- y su ópera prima, "Cantata Laxatón", compuesto por uno de los integrantes del conjunto original, el arquitecto Gerardo Masana. La originalidad de la propuesta, la universalidad de su humor inteligente y sutil y el rigor en la estrucutra de su show, tuvieron una repercusión inesperada, cuyo resultado fue una trayectoria de 35 años.
Hoy, Les Luthiers y su público se merecián esta antología, a pesar de que en este tipo de selecciones siempre aparece la tentación de resaltar las ausencias. El alma de directores técnicos que tenemos los argentinos. ¿Por qué Batistuta y Crespo no? ¿O por qué no "El lago encantado", "Si no fuera santiagueño", "Bolero de Mastropiero", la suite "Los noticiarios cinematográficos", o "Bossa nostra"? Verdaderos clásicos. Les Luthiers, en cambio, eligió los salmos sectarios de "El sendero de Warren Sánchez", "La balada del 7º regimiento", "Pepper Clemens...", la tarantela litúrgica "San Ictícola de los Peces", el gato didáctico "El explicado de Cantalucio (SIC) Luna", el himno escolar "Canción a la independencia de Feudalia" (con más de una referencia a la realidad actual) y el rap "Los jóvenes de hoy en día", entre otros números. Una elección tan acertada como la ausente o como una tercera o cuarta selección a cargo de quién corresponda.
La gesta de Don Rodrigo.
La ovación de la noche llegó sobre el final, cuando la voz grave de un inmutable Mundstock comenzó a relatar aquello de "Mastropiero era un apasionado de la investigación histórica. Se pasaba largas horas en la biblioteca de la opulenta Marquesa de Quintanilla, cuyos volúmenes le apasionaban. Allí supo Mastropiero, precisamente allí... en la biblioteca, de la existencia de un enigmático personaje del siglo XV: el Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, hijo de Juana Díaz y Domingo de Carreras". La "Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, de sus hazañas en tierras de indias, de los singulres acontecimientos en los que se vió envuelto y de cómo se desenvolvió" es la perfecta síntesis de la parodia musical de Les Luthiers, pieza difícil de poder superar. El uso de las voces, sus instrumentos, la vena satírica y la gestualidad como elementos teatrales, con Núñez Cortés en el papel de Don Rodrigo (en lugar del Ernesto Acher de otros tiempos), redondean una obra perfecta.
El quinteto, a pesar de las canas y algunos pelos de menos, sigue siendo el grupo de chicos de antaño divirtiéndose sobre um escenario, con sus voces aún magníficas, sus extraños instrumentos, sus relatos absurdos y sus bromas corrosivas. Así, continúan respondiendo a esa maravillosa poética de la risa, un arma más vieja que la polvora y más útil que la guerra.