Los '60s, I Musicisti y Les Luthiers.


La década de los '60s fue la década del amor, la psicodélica, lo nuevo, el arte que resurgía como un trueno y llegaba para quedarse. Fue la década de la liberación de ideas, en donde todo el mundo podía decir lo que quisiera y los demás los escuchaban, y hasta se los tomaban en serio. Fue la década de los Beatles, esos cuatro chicos locos de Liverpool que cambiaron todos los esquemas musicales para siempre. Fue la década de lo nuevo.

En Argentina, ese movimiento se representaba en los artistas que desfilaban por esa época (Marta Minujín, por citar un ejemplo); y parecía que el gran centro de encuentro de estas personas era en un lugar conocido como el "Di Tella". En ese lugar era donde se exponían todas las obras de arte y espectáculos que estaban marcando esa época. Todo lo nuevo iba a parar a ese lugar. Entre ellos, un grupo de diez personas llamadas I Musicisti, que hacían "música humor". Los muchachos estaba representando en el Di Tella un show llamado "I Musicisti y las óperas históricas", que tuvo mucho éxito (pensando, por supuesto, lo que puede definirse por éxito en el lenguaje de unos muchachos que hacían esto como un pasatiempo) gracias al boca en boca, al anuncio de amigos y conocidos de la banda hacia amigos de esos amigos. Y así sucesivamente. Y se quedaron allí hasta el 4 de Septiembre de 1967. Pero no nos adelantemos. Empecemos por el principio.

Sus comienzos.

Cuenta la leyenda que I Musicisti comenzó en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. Era en ese lugar donde se había creado un grupete de gente que quería cantar scherzos en su tiempo libre. Entre ellos se encontraban Gerardo Masana, Jorge Schussheim, Raúl Puig, Carlos Núñez Cortés (que llegó a este coro por una pollera), Guillermo Marin, Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Daniel Durán, Horacio López y Daniel Rabinovich. Todos (los 10 de arriba y otros 20 más) se juntaban dos veces por semana a escuchar música, discutir sobre la misma, cantar, afinar guitarras y, si quedaba tiempo, comer algo.

Cuentan que una noche, terminando ya el encuentro en la casa de un tal Julio Kacz, se escuchó un disco que venía directamente desde Europa, y que dejó a todos los del coro atónitos. Se trataba de un disco de Gerard Hoffung, un señor inglés que hacía música humor allá por los años '50s. Si bien un par de personas habían hecho esto en Argentina, el estilo era casi desconocido. Los muchachos, sorprendidos por este descubrimiento, decidieron hacer algo parecido cuando pudiesen. Por cosas del destino, se les avisó que próximamente iban a participar en un Festival de Coros en La Plata y decidieron que allí, en ese preciso lugar, era el momento de hacer algo parecido a lo del señor Hoffung.

Lamentablemente, de los 30 del coro, menos de 10 tenían el animo y el tiempo necesario como para llevar a cabo eso (y los 10 arriesgados son los que nombramos mas arriba, con excepción del Sr. Maronna). Así que, bajo el mando de Masana, decidieron llevar una pequeña broma para el final del Festival.

Masana, nieto e hijo de gente apasionada por la música, pensó que quizás entre las partituras familiares podía llegar a encontrar algo que le llamase la atención. Buscando y buscando se topó con una llamada "Il figlio del pirata", una ópera compuesta para... burlarse de la ópera misma! Con los que se animaron, y con la ayuda del piano (único instrumento utilizado en esa obra) comenzaron a ensayar lo que sería el final del Festival (nota aparte: se puede pensar, y con justa razón, que el papel principal quedó en manos de Gerardo Masana, por haber encontrado la partitura y dirigir la obra... pero no. El papel principal quedó en manos de Jorge Schussheim por decisión del mismo Masana, alegando que el tono de voz de Jorge era la más indicada para el papel).

El estreno de la obra fue genial. Tanto le gustó a la gente, que hasta la aplaudió. Y fue tanta la algarabía y las felicitaciones, que algo empezó a surgir entre estos personajes. Y, aprovechando la suerte que tuvieron, decidieron hacer otra cosa parecida en el próximo Festival, en el siguiente año. Masana se preparó con tiempo y encontró en el prospecto del purgante "Modatón" a su musa. También, para esa presentación, se construyeron los primeros instrumentos informales, de los cuales hablaremos en un momento.

En 1965, en el Jockey Club de Tucumán, se estrenó la "Cantata Modatón" con un éxito tremendo. Un diario local decidió publicar un nota sobre el acontecimiento bajo el nombre de:

"Delirios: breve historia de un Laxante musical".

Cuando la semana última finalizó en Tucumán la Convención Coral Universitaria (sic), una competencia insólita se desató entre los coros de estudiantes de todo el país. El triunfo, conseguido por aclamación, perteneció al coro de la Facultad de Ingeniería de Buenos Aires: su “Cantata Modatón”, opus No debe ser utilizada en caso de náuseas, para orquesta de instrumento informales, cuatro solistas y coro mixto terminó, acaso definitivamente, con la solemnidad del Jockey Club provincial. Los responsables de Modatón debieron inclinarse ante el vendaval de aplausos que siguió a la interpretación durante casi quince minutos.

También remarcaba que cada uno de los integrantes habían tocado instrumentos sumamente peculiares, que fueron los primero instrumentos informales. Los mismos fueron:

Horacio López, su serrucho melódico.
Guillermo Marin, el yerbomatófono.
Marcos Mundstock, el gom-horn natural.
Carlos Núnez Cortés, el tubófono parafínico cromático, construido con tubos de ensayo, aún supérstite.


Raúl Puig, la manguelódica (una armónica con teclado y cámara de aire).
Jorge Maronna, un injerto de guitarra y garza.
Gerardo Masana, el primer bass-pipe, grave instrumento de vientos fabricado con tubos de cartón.

Poco tiempo después, otro miembro del coro, el Sr. Carlos Iraldi, se juntó al conjunto pero exclusivamente como luthier del mismo.

I Musicisti.

A finales de 1965, el conunto es invitado a participar en un programa de televisión llamado "Telecataplum", muy famoso en esa época. Para el mismo decidieron ponerse un nombre y darse a conocer a la gente. Tomando como base el nombre del conjunto de cámara I Musici (pronunciesé I MUSICHI), decidieron llamarse I Musicisti (pronunciesé I MUSICHISTI). 

Ya para 1966, I Musicisti estaba listo para hacer su propio show, todo con obras propias. El mismo se llamó ¿Música? Sí, claro y se representó en el Centro de Artes y Ciencias. Poco tiempo después son llamados a participar de una obra de Carlos del Peral titulada Mens sana in corpore sano en el ya nombrado Instituto Di Tella. Y por fin, en Mayo de 1967 estrenan su show I Musicisti y las óperas históricas (también conocido como IMYLOH). El show empezó, junto con el conjunto, a tener fama y a que la gente comenzara a hablar de ellos. Tanto es así, que hasta los contrataron para hacer la música de algunas publicidades de aquella época. Pero, a medida que avanzaba el tiempo, se comenzaron a discutir sobre diferentes cosas: caminos a seguir, qué hacer después, cómo hacerlo. Y así llegamos al 4 de Septiembre de 1967.

Después de aquella función (la 57) todos se fueron en silencio a los camarines, imagen contraria a la gente que se iba a sus hogares comentando entre risas todo lo que habían escuchado. Ya en los camarines (o entretelones) se comenzó a discutir sobre los problemas de la banda. El mismo era sobre la avara distribución de las obligaciones en el grupo, mientras que las ganancias eran distribuidas en partes iguales. Los que pusieron el primer grito en el cielo fueron justamente los que hacían la mayoría de las cosas, como la composición de las obras y la creación de instrumentos. Los demás estaban de acuerdo en que estaban las cosas bien. Finalmente se optó por votar y ver cual era la situación que más le convenía al grupo. Obviamente, ganó la mayoría, que eran los que no se habían quejado en un principio.

Gerardo Masana, creador de casi todos los instrumentos y buena parte de las obras, decidió entonces irse del grupo. Pero no se iba solo, sino que se llevaba todo lo que había salido de su cabeza. Los restantes, al ver que esto no los favorecía, lo empezaron a convencer de que lo mejor era quedarse, de una segunda oportunidad. Pero Gerardo decidió irse. El silencio que rodeaba a los integrantes fue corto pero eterno, hasta que por fin se paró Marcos Mundstock, diciendo que él se iba con Gerardo. A él le siguieron Daniel Rabinovich y, por último, Jorge Maronna. Los 4 rebeldes tomaron los 8 instrumentos y salieron a la calle.

Se decidió también que el nombre del conjunto sería de la mayoría (o sea de los que se quedaban) y la cantata Modatón se quedaría con su dueño y compositor, Gerardo Masana. De esta manera se cerraba un capítulo y se abría otro.

Les Luthiers y sus comienzos... sus duros comienzos.

Los cuatro que se fueron aún tenían ganas de hacer lo que venían haciendo y, contando ahora con más libertad, decidieron poner manos a la obra. 16 días después de la separación, salió un boletín de prensa que decía lo siguiente:

Acaba de construirse en Buenos Aires el conjunto de instrumentos informales “Les Luthiers”. Se trata de una agrupación de música-humor formada por cuatro ex integrantes de I Musicisti: Jorge Maronna (19 años), Daniel Rabinovich (23), Gerardo Masana (30) y Marcos Mundstock (24), siendo estos dos últimos los creadores musical y teatral, respectivamente, de “¿Música? Sí, claro” (Biografía musical de Johann Sebastian Masana en “Artes y Ciencias”) y de “IMYLOH” (“I Musicisti y las óperas históricas”, en el Di Tella).  

“Les Luthiers” tocan instrumentos inventados y construidos por sus propios integrantes, quienes los han bautizado ya con los difundidos nombres de bass-pipe a vara, yerbomatófono, máquina de tocar, gomhorn, contrachitarrone da gamba, chelo legüero, latín (lata – violín), órgano sécatif y otros en proceso de diseño y construcción en su taller de San Telmo.

Cuenta la leyenda que, poco después de haber salido publicado el boletín, fueron contratados para entretener a los invitados del propietario (en ese entonces) de la Editorial Abril. Los cuatro Luthiers interpretaron (en lo que vendría a ser su primer show bajo ese nombre) las siguientes obras:

"Mattinatta" de Leoncavallo, tocada por sus instrumentos informales.
"El polen ya se esparce por el aire".
"Zamba de la ausencia".
"Calypso de Arquímedes".

El show les salió tan bien y gustó tanto, que tuvieron que hacer unas 4 funciones más. En Diciembre de ese año, Les Luthiers vuelven al Di Tella con su primer show, "Les Luthiers cuentan la ópera", donde participaban los 4 Luthiers y el Sr. Carlos Iraldi. En 1968 son invitados para participar del programa de humor llamado "Todos somos mala gente", para el cual interpretaron obras hechas especialmente para el acontecimiento, y que nunca más se volvieron a tocar. Aparte de los luthiers, contaron con la ayuda de Clara de Rabinovich, Julio Raggio y Perla Caron. En ese show se presenta por primera vez al público al personaje llamado Johann Sebastian Mastropiero (que es un híbrido entre Johann Sebastian Masana y Freddy Mastropiero). Pero, mientras los shows se sucedian, se dieron cuenta de que les faltaba un músico. Un pianista. Y conocían a uno, pero tocaba en la vereda del frente a ellos, con I Musicisti. El personaje en cuestión era Carlos Núñez Cortés.

El muchacho fue un día a ver los ensayos de lo que finalmente fue el show "Blancanieves y los siete pecados capitales"

Al finalizar el ensayo, todos se le acercaron para saludarlo y preguntarle como iban sus cosas. Carlos Núñez aún formaba parte de I Musicisti y estaba en cartel con el show "I Musicisti otra vez con lo mismo" en el Teatro Apolo, compitiendo directamente con Les Luthiers.

Entre charla y charla, le preguntaron si no quería darles una mano, ya que necesitaban un maestro de ensayos, vil pretexto para que se quede con ellos. Núñez dudó y, fiel a sus principios, decía que él estaba con I Musicisti y que no quería dejar al conjunto. Pero, luego de muchas idas y venidas, Carlos se decidió ayudarlos, siempre y cuando apareciera en el programa como Carlos Núñez Cortés (integrante de I Musicisti). Y así apareció en el show estrenado en 1969 en el Di Tella. Pero, ironías de la vida, para ese entonces I Musicisti había dejado de existir. Junto con él también entró otro miembro de I Musicisti, llamado Mario Neiman, que compartiría dos años con ellos.

Sin competencia directa, Les Luthiers se disponían a conquistar el mundo del café concert, cada día más en la boca de todo el mundo. La nueva década era sinónimo de cambios. Y vaya si los hubo...

 

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