El químico que dio la nota.


No había cumplido los 20 y cursaba su segundo año en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, cuando una vez, frente a un intrincado enunciado de análisis matemático (esos descubiertos por sabios enemigos), pensó que lo recordaría con mas facilidad si le acoplaba una melodía cantable. Lo hizo... ¡y resultó! Claro, aquello fue sólo una trampita mnemotécnica. Entonces, se preguntó si podría ponerle música a todo un problema matemático. A todo un teorema. Fue a su biblioteca, desempolvó el Repetto, Lisnkens y Fesquet, ubicó el teorema de Thales, y lo músicalizó. Al día siguiente lo presentó frente a un grupito de locos lindos del coro de Ingeniería. Se lo festejaron. Así comenzó a gestarse el famosos grupo de instrumentos informales "Les Luthiers".


-    ¿Cuándo y dónde naciste, Carlos?

-    Tengo 52 años y soy casi misionero, porque cuando tenía sólo 3, a mi viejo, que era relojero en Buenos Aires, le ofrecieron trabajar en Posadas. Así que toda mi infancia, digamos el primario, transcurrió en Misiones.

-    ¿Y cómo surgió tu vocación por la química?

-    No sé, desde muy chiquito la vocación era muy clara. La química, me fascinaba. Tenía mi equipito frugal de laboratorio y me acuerdo que cada centavo que conseguía, lo gastaba en droga. No se rían. Era correr a la farmacia y comprar nitrato de sodio, clorato de potasio, azufre en barrita, no sé, cualquier cosa. Primero para empezar a fabricar la pólvora, naturalmente. Juntaba plata para conseguir cualquier tipo de sustancias y experimentaba.

      También me gustaban mucho las ciencias naturales, le sacaba la savia a los árboles, la mezclaba con alcohol, fabricaba barnices, todo ese tipo de cosas. Llegaba a casa con montones de piedras, hormigas y bichitos. Cada vez que salía volvía lleno de porquerías, como decía mi viejo.

      En fin, toda mi infancia y todo mi secundario la pasé soñando con ser investigador y químico, me imaginaba entre "bosques de vidrio" y científicos, haciendo experimentos y demás.

-    ¿Y tu vocación por la música?

-    La música también me gustaba desde muy pequeñito. Antes de tener piano, había hecho un instrumento con botellas colgadas con diferente cantidad de líquido, una especie de xilófono pero de vidrio. La química no sé de dónde vino, en cambio la música la heredé de mi vieja, que cantaba y le gustaba la ópera. Pero ella nunca estudió canto ni nada de eso, sino que tenía una sensibilidad muy elevada.

      Mis viejos no me habían mandado a aprender música, pero yo tenía un amiguito -en Misiones había mucho árabe, y este chico era sirio libanés- que tenía en su casa un piano en el que tocaban sus hermanas mayores. Empecé a tocar el piano en ese de mi amigo. Tandría 6 años, y un día, en una reunión en otra casa, en la que también había un piano, me senté y comencé a tocar todos los ritmos de moda, todos los bahiones. Mis viejos se quedaron petrificados porque, de pronto, vieron que su nene tocaba un instrumento con total soltura. Preguntaron cuándo, dónde había aprendido. Por supuesto, al día siguiente me llevaron de una pestaña a estudiar. Pero nosotros éramos una familia muy humilde, así que en casa no tuvimos piano durante mucho tiempo, tanía que ir a estudiar a otro lado.

      Cuando llegué a Buenos Aires (a los 11 años), ya venía tocando bastante bien. Hice todo el secundario aquí, en el Nacional Sarmiento, y después me zambullí en Exactas, cuando estaba en la calle Perú. Allí hice toda la carrera excepto el último año,  en el que nos estábamos mudando a la Ciudad Universitaria, en Núñez. En aquella época de estudiante, junto con un amigo llamado Pedro, fundé el coro de la Facultad.

-    Fuiste un buen alumno, seguramente...

-    Si, fui bastante bueno. Tuve distinguido en casi todas las materias y en algunas sobresaliente, excepto en una. Me bocharon en Toxicología y Química Legal, y no entiendo por qué, ya que aprobé materías mucho más difíciles como Físico-Química I y II. Así que... sí, se puede decir que fui un buen estudiante.

-    ¿Qué otras actividades estudiantiles desarrollaste?

-    Yo era muy estúpido cuando era joven, en el sentido de que nunca me metí en política, nunca estuve en un centro de estudiantes trabajando desde las bases, saliendo a defender la autonomía universitaria. Inclusive me meloneaban: venía uno que me decía que el MUR, otro que el MAR, que el MIR... Nunca estaba muy enterado.  A mí me gustaba la química y demasiado la música, cuando hablaban de política yo estaba muy fuera de onda. En ese sentido fui un poco carne de cañón. Recuerdo haber pasado de una agrupación a otra con un giro de 180 grados. Llegaban las elecciones y yo estaba como bolasin manija preguntando por quién había que votar. Despistado a ese nivel, cosa que ahora me da un poco de vergüenza. Era porque no estaba nada comprometido.

-    Y también habrás comenzado una buena carrera profesional como químico...

-    Bueno, cursando el último año de Exactas, cuando estaba haciendo Análisis Químicos, mi profesor, el Doctor Juan Castagnino, un día vino con una propuesta que nos dio pavor a todos: se trataba de un trabajo. Trabajar de químico para mí era toda una gloria, una meta. Nos explicó que el sanatorio Antártida necesitaba ocupar un cargo con un estudianta avanzado de química. Ese fue mi primer trabajo. Lo terminé porque mi jefe me usaba las pipetas y mis cosas. Yo era muy obsesivo y muy meticuloso, me gustaba tener las cosas muy limpias, muy ordenadas. Para análisis clínicos había que ser muy cuidadoso porque había que informar con mucha precisión. Mi jefe era medio bruto, era un tano encantador, yo lo quise siempre. El me ayudó a construir el tubófono parafínico cromático, le encantaba lo que hacíamos. Pero cuando le salía la tanada... De vez en cuando venía con alguna urgencia, entraba al laboratorio y maldecía buscando pipetas limpias, y como no encontraba, agarraba las mías, y dejaba todo tirado lleno de sangre y orina. Un día elegí dos o tres cajones y les puse candados. Mi jefe vino con una "steelson" y para poder sacar las pipetas reventó todos los cajones, rompió todo el mueble. Ese día renuncié. Con el tiempo nos encontramos, recordamos el pasado, y nos divertimos mucho.

      Después puse una fábrica de medios de cultivos con dos ex-compañeros de Exactas, que se llamó Laboratorios Planck.

-    ¿Cómo nació el vínculo con "Les Luthiers"?

-    Es una de esas cosas raras que pasan en la vida. Yo había fundado el coro CUCEN, Coro Universitario de Ciencias Exactas y Naturales. El coro lo dirigía Juan Schulits, y estaba integrado por estudiantes de la Facultad. Fue alrededor del '63. en esa época me gustaba mucho la música coral y un día me enteré que el coro de Ingeniería iba a dar un concierto. Ahí fuí. Me senté en una de las primeras filas. Entró todo el coro. Adelante iban las chicas: estaban vestidas con túnicas blancas, eran preciosas, parecían ángeles... Y me enamoré perdidamente de una soprano. Fíjense cómo se dan las cosas: yo estaba transportado por la música, escuchando ese coro tan lindo que dirigía Mitú Maragno, y mirando a la soprano que me había flechado totalmente, y entonces, al día siguiente volví para ver cómo se podía hacer para entrar en el coro ese. Comencé una doble vida, terrible y muy vergonzosa. Tenía mi coro de Exactas y me escapaba al de Ingeniería para estar cerca de la soprano aquella. Y empecé a descuidar mi propio coro, hasta que un día hubo un festival universitario y tuve que cantar en los dos. A ambos los había engañado diciendo que era mi único coro, y cuando comprobaron que cantaba en los dos me dijeron: "vos sos un traidor. ¿Estas en nuestro coro o en el de Ingeniería?"

      En el coro de Ingeniería estaban Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Jorge Maronna, todo "Les Luthiers". Y ahí fue donde conocí a todos estos locos. Terminaban los ensayos y nos íbamos a la casa de alguno de nosotros a seguir haciendo música. Era una maravilla, mientras uno leía poemas de Rimbau, otro jugaba al ajedrez, otros tocaban clavesín y flauta, y otros preparaban fideos para la cena. Ahí empezó a gestarse todo. Gerardo vino un día con unas partituras del abuelo, que era catalán, que había descubierto en un viejo desván. Eran de una ópera en joda y en medio de un ensayo sacó las cosas. "Me gustaría hacer esto, ¿quién se prende?", dijo. Y de a poco, medio en broma, medio en serio, fue surgiendo. Gradualmente fui dejando el coro de Exactas, pobrecito, y me fui recostando cada vez más en el de Ingeniería, porque estaba toda esta gente. Yo quería hacer algo así en Exactas pero no había ambiente, eran muy formales, muy serios, por lo menos en el grupo que me había tocado. Así empezó "Les Luthiers". Y todo por una pollera que nunca me dio pelota y a la que, por cierto, no volví a ver.

-    ¿Cómo se dieron cuenta de que el éxito los estaba llamando?

-    Ya me había recibido y estaba trabajando en Química Farmacéutica Platense, una filial de la Sterling Drugs que fabricaba la aspirina en la Argentina. Trabajé dos años allí haciendo desarrollo de nuevos productos. De EE.UU. mandaban nuevas drogas que había que investigar si se podían hacer aquí o no. Me acuerdo de uno de los productos que era la hidroquinona, que se usaba en fotografía, y estudié durante meses si se podía montar una producción de esa sustancia aquí. Pero mientras estaba trabajando en esa empresa, ya estaba con "Les Luthiers" al mango, haciendo de todo, instrumentos, obras, obras de teatro. Estoy hablando del año '71-'72. Un día, nos surgió por primera vez un contrato en la costa atlántica para ir a Villa Gesel y Pinamar toda la temporada de verano, enero y febrero. Como estaba en la fábrica, me daban sólo 10 días de vacaciones, así que fui a hablar con uno de los directivos, el Sr. Martínez, y le dije:

      - Sr. Martínez, yo necesito esos dos meses.

      - Pero, Dr. Núñez -me dijo (yo no era Doctor, era licenciado, no hice ningún doctorado)- usted tiene un porvenir asegurado, sin embargo, con estos payasos con quienes está...

      - A mí me resulta muy placentero hacer esto -le contesté-, por supuesto sería una licencia sin goce de sueldo...

      - Mire -me replicó el Sr. Martínez-, alguna vez usted va a tener que optar. Piénselo bien, creo que esto no puede seguir así, no puede irse dos meses de la firma como si tal cosa.

      Entonces me fui a casa y tuve un fín de semana horrible, pensando y pensando. Imagínense, yo era bastante joven, había hecho toda una carrera que me había costado un huevo, como a cualquiera que se promociona en Exactas. Había tragado todos los libros, me había licenciad, y estaba trabajando en una companía norteamericana, ganando plata, viendo dinero de verdad. Mientras que en "Les Luthiers" yo tenía que poner plata para comprarme una camisa, para pintar un decorado... la opción era terrible.

      El lunes, cuando llegué al trabajo, el Sr. Martínez me citó a su oficina:

      - Y Dr. Núñez: ¿lo pensó?

      - Sí, Sr. Martínez, ya estoy mucho más aliviado porque finalmente opté.

      - Me parece muy bien. Yo sabía que no iba a cometer ninguna locura.

      - No sé a que llamará usted locura, pero decidí que me voy.

      Ese señor se puso blanco porque realmente debe haber pensado: "éste se ha vuelto loco", y la verdad es que estaba un poco loco, porque yo ni sospechaba todo lo que vendría. Estaba ganando en esa época $140 y "Les Luthiers" me aseguraba, a lo sumo, $25 por mes. Llegar a una determinación fue como un alivio, pero también muy angustiante porque a la química la sigo adorando y nunca he podido desprenderme de ella. Ni lo pretendo. En mi casa, actualmente tengo montado un laboratorio completo, completísimo. Lo fui armando desde que estudiaba en la Facultad. Tiene mecheros, mesada de mármol, un droguero completo de pared a pared, una vidrería enorme, tubos y serpentines. En el, de vez en cuando le hago cosas a los chicos: experimentos, demostraciones. Hago cosas también para mí, me divierto mucho. Soy el mismo de Posadas, debo admitirlo.

-    ¿Y tus viejos, cómo tomaron tu decisión de abandonar la carrera de químico para dedicarte al espectáculo?

-    Mis viejos casi lloraron. Bueno, mi madre es el día de hoy que me dice: "vos quedate tranquilo, sos químico, siempre tenés el título". Ella sigue enganchada en aquella época. Estaba recién casado con mi primera mujer, después me separé, y tenía un pequeño hogar que mantener, así que las pasé muy, muy bravas.

-    ¿Y cómo les fue con la gira?

-    Con la gira nos fue muy bien. Recién empezaba, éramos muy de elite, iba público de café concert. Eran los primero contratos. Había noches de 20, 30 personas, no como ahora que se venden 1700 entradas por función. La curva fue muy, muy gradual. Y todo empezó como un delirio juvenil que salió bien; pero si el tiro hubiera salido por la culata, estaría trabajando de químico y vaya a saber cómo me hubiese ido.

CUANDO UN AMIGO SE VA.

     "La separación de Ernesto Acher se produjo, como en todas las parejas, al atravesar una época de malos entendidos, de ciertos problemas de convivencia. Acher estuvo cerca de 17 años con nosotros. Y hacia el final el conjunto no había terminado de engancharse con él, de encajar bien. Fue una separación dolorosa y una verdadera pérdida porque Ernesto estuvo metido hasta la manija con nosotros, escribió cosas hermosísimas como el coro orquestal "Teresa y el Oso", que es una obra magnífica. De la pluma de Ernesto son todas las obras de jazz, un género que prácticamente hemos dejado de hacer y con el que teníamos adeptos que deliraban cuando tocabamos nuestros Dixielands".

-    "Les Luthiers" pegó el gran salto hacia arriba cuando la Argentina pegaba el gran salto hacia abajo... ¿cómo los trató la dictadura?

-    Por suerte nunca estuvimos comprometidos con ninguna cosa política, sólo nos dieron algunos tirones de oreja cuando hicimos la parodia del noticiero cinematográfico, donde el Ministro de Cultura era un cabo primero López.

      Sabíamos que estábamos todos rigurosamente vigilados, controlados, pero como no éramos virulentos no tuvimos problemas. Lo único que hicieron fue prohibir por radio algunas de nuestras obras. Después nunca se metieron con nosotros. Alguna vez nos pidieron alguna información, pero como éramos ciudadanos comunes que no estábamos metidos en ninguna agrupación sindical, ni estudiantil... Ya conté que prácticamente no tuve ninguna ingeriencia politíca, y la verdad, lo lamento, me hubiera gustado.

      Videla venía a ver todos los espectáculos, se sentaba, pedía café, y nos llamaba a los cinco para charlar: "me divertí mucho", nos decía, y nosotros nos mirábamos con caras de no saber qué hacer, dónde meternos. No lo podíamos creer, teníamos que saludarlo. Venía con toda su familia.

-    ¿Nunca se plantearon comprometerse políticamente?

-    Sí, y nos comprometimos cuando hubo que comprometerse. Firmamos solicitadas, apoyamos la primera candidatura de Alfonsín. Después hicimos cosas por los derechos humanos. También nos obligarons a destinar el producto de dos funciones a la Guerra de las Malvinas, al Fondo Patriótico.

-    Con la perspectiva que otorga el tiempo transcurrido desde el comienzo de "Les Luthiers", ¿qué balance hacés de la música y el humor?

-    Es inseparable para nosotros. Hay gente que dice que antes hacíamos más música y menos teatro que el que hacemos ahora. Hubo un transcurrir desde las primeras épocas, en que éramos para una elite consumidora de música, para los melómanos, y ahora, que hemos abierto un poco más el espectro. Antes se hacía únicamente música clásica, se hacía la parodia de un concierto. Marcos (Mundstock) leía y nosotros tocábamos, y nada más. Ahora la cosa es muy distinta, estamos comprometidos teatralmente, la cosa es más dramática. Pero la materia prima es la música, partimos de la música. Si no tiene algo que ver con la música, no lo tocamos. Si tenemos que hacer algo sobre partidos de fútbol, lo hacemos a partir de los cantitos de la hinchada, ¿se entiende?

      Llegado a este punto, un asistente le avisa que la función está por comenzar. Carlos Núñez Cortés, de riguroso smoking, se apresta a continuar con la magia de su segunda química: partes iguales de excelente música y del mejor humor. El murmullo de una sala repleta se prepara para transformarse en carcajada, en aplauso, en ovación. "Unen canto con humor", el último espectáculo de "Les Luthiers", ya comienza.

PING - PONG

* Marcos Mundstock: Es la voz profunda, grave, y la cara más visible del grupo.

* Daniel Rabinovich: Es el payaso, el tipo más incontinente y el que más improvisa.

* Jorge Maronna: Es el tapado, el oculto, el tímido. Es el que cultiva el humor que a mí más me fascina. Lo que no tienen los otros lo tiene él, es una de las usinas creativas de donde surgen las ideas, el otro es Marcos.

* Carlos López Puccio: Es el maestro de música por excelencia, al que uno acude para desasnarse en el tema musical, el que sabe más.

* Ernesto Acher: Cultivaba el humor más parecido al que yo tengo. Dentro del grupo, fui el mejor amigo de Ernesto, el que más sufrió con su separación. Él era el único que cultivaba el jazz como yo. Se me fue el dueto.

* Gerardo Masana: Fue el fundador, el tipo más tierno que conocí jamás. Era muy bueno, muy calladito, jamás levanto la voz. Fue el que nos marcó el rumbo a seguir a todos, y el primero que fue a hablar uno por uno para decir: me gustaría hacer esto. Fue el visionario, el que inventó "Les Luthiers", nosotros somos sus alumnos, sus discípulos.

* Roberto Fontanarrosa: El negro es un cómico fantastico. Cada tanto nos manda cartas: son geniales, son chistes sueltos e imágenes que él tiene acerca del tema que nosotros estamos trabajando. Muchas de esas imágenes las vamos insertando, nos van sirviendo en lo que estamos armando. Tiene dos personajes únicos que son Inodoro Pereyra y Boggie el Aceitoso.

*Enrique Pinti: Soy amigo de Pinti desde hace muchos años, cuando recién empezaba, la misma época en que empezabamos nosotros. Es un gordo genial, lo quiero mucho y me fascina la ametralladora de su verborragia.

* Alberto Olmedo: El mejor cómico argentino: así, subrayado. Excepto en las películas, que es espantoso, insufríble. Pero cuando lo veía por televisión y con Portales se sentaban así... eso solito era maravilloso. Creo que era el tipo que tenía la fibra más pura del humorísmo argentino, era comicidad, en su estado más puro. Y a pesar de que era una persona que no tenía una formación de nada, esto lo llevaba adentro.

* Fidel Pintos: Tengo recuerdos de cuando yo era muy pibe: escuchaba sus personajes y me hacían divertir mucho. Me gustaba mucho la pinta que tenía, tenía una cara lindísima, esa narizota, me hubiera gustado conocerlo ahora.

* Antonio Gasalla: Actualmente no me gusta. Me da miedo sentir que si llegamos a acceder a un medio masivo y devorador como es la televisión, podemos convertirnos en lo que es él ahora. Me causaba mucha gracia y lo admiraba mucho cuando trabajaba en teatro y hacía esos personajes que luego pasó a la televisión. Era un tipo que me hacía reír a carcajadas con un sentido del humor maravilloso. Hoy, lo lamento mucho, pero no me mueve un pelo.