
Conozca el interior de... El explicado:
La
Comisión:
El trabajo de organizar la primera KDD Porteña fue íntegramente de la ya conocida Laura Aranda, “Lauris” para los amigos. Pero frente al gran esfuerzo que presentó, para este año decidió formar una comisión que la ayudara a afrontar las responsabilidades de semejante evento.
Cuando entablé mi relación con Lauris,
le ofrecí mi ayuda y le dije que cuente conmigo para lo que necesite. Al
enterarme que formaba parte de la comisión organizadora una inmensa alegría me
invadió por completo. Después
de enviar algunos mails para reclutar a los dos integrantes faltantes, la comisión
quedó definitivamente formada por… solo nosotras dos. Rápidamente entramos
en duda si era correcto llamarnos “comisión” siendo solamente dos personas,
pero pronto recordamos el inolvidable acto de “Himnovaciones” en el
cual los integrantes de la comisión, eran efectivamente, solo dos.
El nombre surgió casi en el acto, no era tan
difícil, una vez más evocando al ya citado número, se formaron las
siglas de la comisión “C.O.P.K.L.”, Comisión de Organización y Planificación
de Kedadas Lutherianas. Una vez que tuvimos los integrantes y el
nombre, comenzó el arduo trabajo…
Pasión
bucólica:
Lo
primero que hicimos fue reunirnos para poner en concreto cuales
serían los pasos que debíamos seguir para que la KDD fuera un nuevo
éxito. Cuando ya estuvo todo más o menos diagramado, nos pusimos
en
contacto con Carlos Núñez Cortés (CNC) vía mail para concretar
un encuentro, en el cual ultimaríamos algunos detalles (días,
asistencias, etc.).
La respuesta se hizo esperar un poco, pero al fin llegó. Nos esperaba una hora antes de la función del día sábado 7 de junio. En dicha cita, quedó confirmada su asistencia, y el día: viernes 18 de julio. También nos dió algunos consejos, tales como “no dejen pasar el tiempo” y “las entradas se agotan”.
Teniendo confirmada la asistencia del invitado de honor, podíamos proseguir con el siguiente paso: encontrar el lugar…
Trazamos un radio de acción, no debía
estar demasiado lejos del teatro, para que los concurrentes pudiera llegar
caminado, y el precio no debía superar cierto límite establecido, para que los
concurrentes pudieran llegar… a pagarlo. Después de una maratón en la cual
visitamos al menos diez restaurantes, las opciones se redujeron
a solo dos, ambos nos hacían buenas ofertas. Finalmente, gracias a la impagable
ayuda de mi madre, quien consiguió para nosotros un montón de beneficios, la
balanza se inclinó totalmente hacia “Don Peperone”, que nos ofrecía, entre
otras varias cosas, un piso privado.
Zamba
de la ausencia:
Este año teníamos la ferviente convicción de
invitar a todos y cada uno de los integrantes del grupo, aunque
ya sabíamos de antemano que varias de las respuestas iban a ser
negativas, queríamos tener la conciencia tranquila de que al menos
lo habíamos intentado. Pronto nos pusimos en marcha, y una vez más
fuimos al teatro a extender la invitación a todos. Las respuestas
fueron del tipo “Avisen cuando…”(DR), “Vamos a ver, soy
muy tímido…”(JM), “No les prometo nada…”(MM), “…”(CLP)
y “Chicas, no van
a ir…” (CNC). Frente a la falta de una respuesta concreta, decidimos
hacer una invitación algo más tangible, y haciendo uso de las pobres
habilidades artísticas que poseo, confeccioné unas tarjetitas de
invitación. La repuesta siguió siendo ambigua, pero la advertencia
de Carlos era la misma “Chicas, ya les dije que no van a ir…”.
Teniendo por delante un panorama tan poco alentador, desistimos.
Cartas
de color:
El asunto de la convocatoria no fue tema muy complicado, bastó con
avisarle a la gente del evento, y los
pedidos de asistencia comenzaron a llegar sin perdida de tiempo.
El
valor de la unidad:
Gracias a la increíble amabilidad y buena voluntad de CNC, teníamos
un descuento del 50% en el precio de las entradas del espectáculo,
lo cual fue un respiro para el bolsillo de la gente. Lo que no fue
un respiro para nosotras fue el hecho de la recaudación del capital.
Llegó un momento en que nuestro recorrido podría compararse con
la trayectoria de la bolita de un pinball. Pero por suerte hubo
varias personas consideradas que pudieron acercarnos el dinero,
y no tuvimos que emprender la cobranza móvil.
Una vez recaudado el dinero
de las entradas, llegó el momento de ir a comprarlas, tarea que
le tocaba a Lauris por su proximidad al teatro. La tarde del 9 de
julio (feriado en la Argentina) recibí una llamada desesperada
“¡No tienen computado el descuento!!”. Era Laura, en un ataque
de nervios pues las entradas si bien estaban reservadas para nosotros,
no tenían hecho el descuento. Nerviosa yo también, traté de calmarla,
le dije que no pasaba nada, que iba a hablar con Diego Chazarreta
(productor de Les Luthiers) y que el problema estaría resuelto,
el punto es que iba a tener que regresar al día siguiente, puesto
que debido a que era feriado, la producción no trabajaba. Para colmo
Bs. As. pasaba por una oleada frío polar, que casi hace que haya
una baja en las integrantes de la comisión, por una gripe. Afortunadamente
al día siguiente pude comunicarme
con Javier Navarro (también productor de Les Luthiers) y
el asunto estuvo definitivamente resuelto. Laura compró sin mayores
traumas las entradas. Con las entradas en nuestro poder, la KDD
se hizo mucho más tangible, comenzamos a tener la sensación de que
ya estaba casi todo hecho, lo cual nos produjo una sensación de
alivio.
Después de casi 10 días de espera por fin llegó el gran día. La primera tarea del día era ir al restaurante para organizar la distribución de las mesas. Tarea que fue más que difícil, porque no queríamos que nadie sintiera que la cosa era injusta, lo cual se tradujo en una misión imposible, ya que descubrimos que efectivamente es imposible (desde el punto de vista de la física) hacer que cuarenta y ocho personas estén cerca de una. Distribuimos las ubicaciones bajo cierto criterio, tratando de ser lo más justas posible.
Habiendo terminado la organización nos encaminamos al teatro, al cual llegamos puntualmente una hora antes de la función, horario en el cual habíamos citado a la gente. Las personas fueron llegando de a poco, y de a poco fuimos entregando las entradas, hasta que finalmente 15 minutos antes de empezar la función solo nos quedaba en las manos una entrada. Decidimos dejarla con el nombre de su dueño en la boletería, y subimos hasta nuestro lugar.
Vea
esta noche:
Las obras de ayer, Teatro Coliseo
El espectáculo estuvo una vez más brillante, como no podía ser de
otra manera, y la presencia de la KDD se
hizo notar, debido a las fuertes oleadas de aplausos iniciadas por
nosotros. Todas las obras pasaron como una ola de diversión y nosotros
haciamos la ola de la alegría. Fue un mar de risas, y todo el mundo
se "rio".
Encuentro
en el restaurante:
Al terminar el show, llegamos al
restaurante y la gente se fue ubicando en sus lugares, unos minutos
después llegó Carlitos, y más tarde comenzó la cena. Mientras las
sillas se iban ocupando, una cierta sensación de intranquilidad
se revolvía en mi interior, pero por suerte no me quemaba las entrañas
(aún no había comido mucho), tenía miedo de que en cualquier
momento alguien se me acercara y me dijera que no estaba conforme
con su lugar. Por suerte, nada de ello ocurrió, y gracias a su inagotable
amabilidad y cordialidad, una vez que hubo comido un poco, CNC comenzó
un tour que lo llevó a estar un rato con todos los presentes, quienes
pudieron disfrutar de su compañía y calidez. Este año contamos con
la presencia en la cena de Jorge, un amigo de CNC, quien vino acompañado
nada más ni nada menos que por la madre y hermana de Carlos, Julia
y Mónica, lo cual fue un gran, gran honor.
La noche transcurrió sin mayores
contratiempos, plagada de charlas, carcajadas y anécdotas (la mayoría
contadas por CNC). Pero llegado el momento del postre se desató un nuevo
inconveniente, los mozos se marearon con los pedidos de helados y ensaladas de
fruta que debían servir, y literalmente me quedé estupefacta al ver que la única
persona que se había quedado sin su postre, no era otra sino Carlitos.
Inmediatamente corrimos con Lauris escaleras abajo en busca de quien pudiera
solucionar el problema, afortunadamente la situación se resolvió rápidamente.
Para subsanar el error el encargado del lugar le sirvió una gran copa de helado
sobre un colchón de ensalada de fruta, coronado con una frutilla, un detalle
muy bonito. La cena terminó con un brindis algo apresurado, pues CNC se
encontraba ya muy cansado y las copas se demoraron un poquito en llegar, pero de
todas formas fue una linda manera de cerrar la noche.
Una
"noche" regia:
Así fue como finalizó el evento, con una felicitación hacia la comisión
del mismísimo Carlos, y el agradecimiento de los fans que pudieron
estar cerca de su ídolo, lo cual dejó en nuestro interior la satisfacción
de ver que no lo habíamos hecho tan mal después de todo, quedando
latente así, la organización de la próxima KDD para el estreno del
siguiente show.
Texto: Valeria Dorza (con arreglitos de Pablito Maronnita y S.
Padilla).
"Diseño": Sebastián Padilla.
Fotos: cortesía de Valeria Dorza y Carlos Ravazzani.