Las innovaciones...

* El domingo 23 de noviembre se cumplió el trigésimo aniversario de la muerte de Gerardo Masana. Montevideo lo vio por única vez a fines de 1972, cuando Les Luthiers actuaron en el Teatro Stella d'Italia.

Los admiradores del grupo argentino lo recuerdan por su participación en los tres primeros volúmenes discográficos editados entre 1971 y 1973, pero los programas de mano que hasta hoy Les Luthiers reparten en los teatros llevan impresa la leyenda "Fundado por Gerardo Masana en 1967".

El proceso de gestación del más exitoso conjunto de humor musical de habla hispana será publicado el año próximo en un libro escrito por Sebastián Masana, hijo del fundador. Allí se narra que Gerardo nació el 1º de febrero de 1937 en Banfield, Buenos Aires, en el seno de una familia muy vinculada a la música y al teatro. Su madre le enseñó a tocar el piano y le dio los primeros conocimientos de composición y armonía. Su padre fue uno de los fundadores de la Asociación Wagneriana y era dueño de una nutrida colección de discos de jazz y música culta.

Pero la influencia de los abuelos, ambos catalanes, fue la decisiva. El abuelo paterno era un cómico de la legua, o sea un actor que no tenía cabida en las compañías teatrales reales españolas y sólo podía actuar a una legua de distancia de cualquier ciudad en la que hubiera teatros oficiales. El abuelo materno fue actor y director, desarrolló una larga carrera en Argentina y compartió los elencos en varias representaciones con Margarita Xirgu y otras primeras figuras.

Gerardo vio a sus abuelos actuar juntos en la obra El buen policía, donde uno hacía de ladrón y el otro de policía. Uno era cómico, el otro actor dramático, y eso fue fundamental para el nieto, porque comprendió que la solemnidad y el buen humor podían convivir en un mismo escenario.

En 1964 Gerardo encontró el libreto y las partituras de una ópera cómica, Il figlio del pirata, que su abuelo materno había traído de España. Hacía unos años que integraba el Coro de la Facultad de Ingeniería, donde había conocido a Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock y Jorge Maronna. Convenció a sus amigos de poner en escena esa ópera para el Festival Coral Nacional de La Plata. El aplauso los acompañó y decidieron presentar en 1965, en el Festival Coral Nacional de Tucumán, la Cantata Modatón, inspirada en el prospecto de un purgante, que Gerardo había compuesto al estilo de La Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach.

Pero esta vez exigió hacerla con instrumentos informales. Núñez aportó el tubófono cromático, Mundstock el gom-horn, Maronna el contrachitarrone da gamba y el director construyó el bass-pipe a vara. El éxito esta vez fue arrollador. A partir de entonces fueron contratados para hacer espec-táculos profesionales. Otros jóvenes se incorporaron y aumentó el número y variedad de los instrumentos informales. Pero la fama duró poco: el conjunto I Musicisti se disolvió poco después en medio de tensiones y discusiones. Algunos se fueron con Gerardo Masana y el 4 de setiembre de 1967 fundaron Les Luthiers. El resto es historia conocida. Gerardo murió el 23 de noviembre de 1973, víctima de una leucemia. "Era un tipo muy noble, firme y a la vez suave", recordó Jorge Maronna, agregando que "tenía un sentido del humor fino e irónico. Dosificaba su humor con cuentagotas, pero era muy gracioso. Tenía carácter, pero era cuidadoso y controlado. Era un tipo tranquilo, que no necesitaba gritar para hacerse oír".