
Las primeras locuras...
* A 30 años de la muerte de Gerardo Masana, uno de los fundadores de Les Luthiers, su hijo prepara un libro sobre la génesis del grupo. Como ahora, cuatro décadas atrás ya hacían, de nada, muchas gracias.
“Ante todo, nosotros estamos muy bien y sabemos que ustedes también lo están. Tengo mucho trabajo ahora que nos separamos de I Musicisti, escribiendo cosas y preparando todo para largar en noviembre con INYLOH (Instrumentos Nuevos y las óperas Históricas) en el Di Tella. Como sabrán (...) nosotros somos cuatro: Marcos (Mundstock), (Jorge) Maronna, (Daniel) Rabinovich y yo. Estamos preparadno bastantes cosas y creo que nos va a ir bastante bien. Nos llamos Les Luthiers.”
La carta fundacional del grupo tiene fecha del 26 de Septiembre de 1967 y lleva la firma de Gerardo Masana. Está dirigida a sus padres, que se encontraban de viaje por los Estados Unidos.
Masana fue uno de los fundadores de Les Luthiers y creador de los primeros instrumentos informales del grupo humorístico-musical que aún sigue en actividad. A treinta años de su muerte prematura (murió el 23 de Noviembre de 1973 a los 36 años), su hijo Sebastián, periodista, le da los últimos toques al libro que recorre, en torno a la figura de su padre, la historia de los primeros Les Luthiers y la de su génesis. El proyecto, apadrinado por el colombiano Daniel Samper Pizano, autor de Les Luthiers de la L a la S, y apoyado por los actuales integrantres del grupo, será libro el año próximo a través de la editorial española Bellaquea.
Seis días después de escrita la carta, el entonces cuarteto
se presentaba en público por primera vez. Era el 2 de Octubre, y la particular
audiencia, un grupo de ejecutivos de la Editorial Abril, con una invitada
especial: la actriz indoestadounidenes Merle Oberon (La vida privada de
Enrique VIII, Cumbres borras cosas, Desirée, Hotel, entre otras
películas), por entonces esposa de Bruno Pagliai, uno de los directivos. El
escenario: la terraza del edificio de la editorial. El repertorio: Mattinata,
de Leoncavallo, y tres composiciones originales del grupo. Zamba de la
ausencia, de Maronna, el aria de barítono de la Cantata Laxatón, de
Masana, y la Canción a la cama del olvido, con música de Masana y letra
de Mundstock. Era el comienzo de una carrera de 36 años (la edad de
Sebastián). Y que, como toda historia, tiene su prehistoria.
Maronna, Masana, Mundstock y Rabinovich, más Carlos Núñez Cortés, se conocieron en el coro de la acultad de Ingeniería de la UBA a principos del 60. Tal vez el puntapié inical de lo que luego sería Les Luthiers lo haya dado Masna al formar el grupo Los Triste España Serenaders, que actuó en el cierre de los primeros festivales nacionales universitarios. Hay varias versiones sobre el origen de este grupo, que nació en 1960 y no tenia integrantes fijos. Allí apareció el embrión de la idea de los instrumentos no convencionales, como el serrucho de carpintero tocado con arco de violín (al modo de los músicos ambulantes-mendigos de la Europa oriental o de los pioneros del jazz), que interpretaba Horacio López, quien luego colaboró con Masana en la fabricación de los primeros instrumentos informales marca Les Luthiers. El nombre pudo estar inspirado en los Tururú Serenaders, grupo creado en 1958 por Landrú para un programa de televisión. O bien en una orquesta argentina de jazz, los Santa Paula Serenaders, y hasta en la canción Triste españa sin ventura, compuesta por Juan de la Encina a finales del siglo XV o principios del XVI.
Otro hito en la era pre Les Luthiers es la opereta cómica española Il figlio del pirata que, contra todo pronóstico (pronóstico fundado en lo disparatado de la historia y en la escasez de medios para producirla), fue llevada a escena en un festival coral de 1964. Masana había aparecido en un ensayo del coro munido de: un viejo libreto manuscrito de finales del 1800, partituras y pelucas. Y el recuadro de una foto de su infancia, disfrazado de... pirata.
La
creatividad no tenía límites (échale la culpa los 60) y así fue como Masana
compuso por esos días la "Cantata Modatón", cuya letra estaba
íntegramente basada en el prospecto del laxante del mismo nombre. La cantata,
compuesta al estilo de La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian
Bach, fue estrenada a fines del 65 y formó parte del repertorio de Les Luthiers
años más tarde, a la altura de su segundo disco, y con el nombre modificado: Cantata
Laxatón. ¿El motivo del cambio? Como el laxante se vendía bajo receta,
las autoridades sanitarias entendieron que se trataba de una publicidad
encubierta (no, no lo era) y obligaron a cambiarle el nombre a la composición
para mantenerla dentro de la ley.
Cuatro décadas más tarde de aquellos primeros años, el grupo conserva intacto el ingenio para los títulos, para llamar a las cosas por otro nombre. Por eso, ahora resulta lógico que el nombre del grupo que le dio el envión final a lo que luego sería Les Luthiers haya sido I Musiciste (pronúnciese I Musichisti), un juego sencillo pero brillante inspirado en el prestigioso grupo de cámara canadiense I musici. Una síntesis perfecta para definir a un grupo de música de cámara (siempre lo fue), que supo agregarle una generosa dosis de humor (siempre la tuvo). ¿O al revés?
En I Musicisti ya estaba (casi) todo lo que luego tuvo Les
Luthiers. Y estaban (casi) todos. En sus dos años de intensa actividad, el
grupo fue del escenario del Instituto Di Tella, el templo de la vanguardia
porteña del prehipismo, a la disco (digámosle boite) Mau Mau, otro templo del
saber nocturno. Y hasta resultaron elegido para promocionar la visita a la
Argentina de los Swingle Singers, el octeto vocal británico que hacía furor en
la época. Hasta que el 4 de septiembre de 1967 Gerardo Masana decide irse del
grupo (que entonces tenía 10 integrantes) por problemas de organización
interna que demoraban en resolverse. Con él partieron Maronna, Mundstock y
Rabinovich. Al día siguiente crearon Les Luthiers. Carlos Núñez se quedó un
año y medio más en I Musicisti hasta su incorporación como luthier. En los
primeros tiempos, el cuarteto tuvo como artista
invitado al por entonces casi desconocido actor tandilense Víctor Laplace, que
trabajó durante toda la temportada de Les Luthiers cuenta la ópera, en
el Instituto Di Tella. Luego se incorporarían Carlos López Puccio y Ernesto
Acher, quien más tarde, en 1986, partiría del grupo para darle el formato
actual, y en apariencia definitivo, de quinteto. Pero esa es otra historia.
El señor Juan Sebastián
Muy otra también es la historia de Johann Sebastian Mastropiero, el alter ego disparatado de Les Luthiers. El personaje es una creación de Marcos Mundstock, previa a todo. El primera manuscrito se lo dictó Mundstock a Horacio López en un bar: “En el día de hoy, se cumple un nuevo aniversario de la muerte del gran compositor ítalo yanqui Freddy Mastropiero (...). Mastropiero nació en Manhattan, hijo de madre italiana y padre (...).Sus últimas palabras fueron para el instrumento que lo había acompañado dutrante toda su vida: Piano, piano, me voy lontano”
La siguiente entrada en escena de Mastropiero recién se produjo cinco años después, en el espectáculo de I Musicisti ¿Música? Sí, claro, pero rebautizado Johann Sebastian Masana, porque Masana era el compositor de casi todos los temas. Y pasaron cuatro años más para que empezara a medir estatura de personaje. Fue en el espectáculo Querida condesa, de 1970. Para ese entonces, varios de los siete integrantes de Les Luthiers componían, por lo que el nombre de este mediocre creador apócrifo adquirió su mote definitivo: Johann Sebastian Mastropiero.
Instrumentos informales
Si algo marcó la identidad de Les Luthiers desde un comienzo -y, como se vio, desde aun antes- fue la inclusión de una serie de instrumentos surgidos de la cabeza de un delirante. El hombre en cuestión era Gerardo Masana. Además de informales y originales, aquellos primeros instrumentos construidos con materiales imposibles tenían nombres de bautismo también disparatados: el latín (un violín cuya caja de resonancia es un lata de dulce de batata), el dactilófono o máquina de tocar (máquina de escribir que percute en tubos de ensayo), el contrachitarrone da gamba (una guitarra que se toca con arco, como un chelo o una viola da gamba), el calephone (sí, un calefón que sirve de resonador de una trompeta)... Y el bass-pipe a vara, que tiene su propia historia y su marca registrada: aún perdura la inscripción que Masana, nacido en Banfield, le hizo al instrumento a la manera de las que tienen los violines Stradivarius: Ieradus Masana bonaerensis, fecit anno 1965.
Cuenta Sebastián Masana que una noche de invierno del 65, sus padres salieron del departamento del barrio de Abasto (en el mismo edificio deonde había vivido Juan Duarte, el hermano de Evita) con una pareja amiga. Cuando estaban cruzando el puente de las vías del Sarmiento vieron que en la vereda de una sedería asomaban de unas bolsas varios tubos de cartón de los que se usan para almacenar las telas. “Examinaron los cilindros, contemplándolos como si fueran un histórico hallazgo arqueológico. El Gordo (Horacio) López sopló por el extremo de uno de ellos. Salió un sonido grave y desfinado, pero promisorio”, escribe Masana hijo en el borrador de su libro.
Al día siguiente, cuatro de esos tubos, insertos en uno más grande con punta metálica, ya estaban afinados. Poco después también estaba lista la campana, hecha de papel maché. Pero como su rango melódico era pequeño, Masana padre, inspirado en el trombón a vara, decidió ampliarlo dándole movimiento a todo el artefacto. La solución la trajo Magdalena, su mujer, al volver del almacén. Así fue como el changuito de las compras se quedó sin ruedas. Y el bass-pipe a vara empezó a sonar. Pese a todo.
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“¿Te imaginás si el flaco pudiera ver todo esto?” |
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“Siempre me llamó mucho la atención el agradecimiento y el recuerdo que los integrantes de Les Luthiers tuvieron hacia mi papá. La devoción hacia la figura de mi viejo, una devoción casi religiosa, despertó en mí, las ganas de descubrir quién fue mi papá, quién fue aquella persona capaz de generar tanta magia y tanto afecto. Así fue como empecé a investigar”. Sebastián Masana tiene 36 años, la edad de Les Luthiers y la que tenía Gerardo Masana al momento de su muerte, y un parecido increíble con su padre. Para el libro, Sebastián entrevistó a los actuales miembros del grupo (“cuando yo era chico eran mis tíos; algunos de los primeros espectáculos los crearon en mi casa, mientras yo gateaba alrededor”), en sesiones cargadas de anécdotas y lágrimas. Esto dijeorn: Carlos López Puccio: “La muerte de Gerardo fue una gran pérdida para todos. Es una lástima que no haya podido ver el éxito de Les Luthiers. Su legado, su recuerdo y sus anécdotas van a estar siempre presentes entre nosotros.” Jorge Maronna: “Con El Flaco aprendí a componer música.. Era un tipo muy noble, firme, y a la vez suave. Tenía un sentido del humor fino e irónico. Dosificaba su humor con cuentagotas, pero era muy graciooso.” Marcos Mundstock: “Cuando éramos estudiantes y cantábamos en el Coro de Ingeniería, Gerardo nos motivó, nos aglutinó y nos impulsó. Él abría el camino y los demás lo seguíamos con ganas y entusiasmo. Sabía estimular lo mejor de cada uno de nosostros.” Carlos Núñez Cortés: “Gerardo era un tipo inquieto. Estaba todo el tiempo buceando en viejas partituras y libros, esperando encontrar algo interesante. Siempre lo recordamos. Todo el tiempo. En cada paso y cada nuevo logro de Les Luthiers, alguien hace el comentario: ‘¿Te imaginás si el Flaco pudiera ver todo esto?’” Daniel Rabinovich: “Cuando lo conocí, yo tenía 17 años y todavía iba al colegio. Él tenía una capacidad de trabajo extraordinaria. Laburaba durante todo el día en una oficina, como arquitecto. Después, se pasaba horas y horas martillando, serruchando, componiendo.” Gerardo Héctor Masana había nacido en 1937. Estudió algo de piano, armonía y composición. Luego, Arquitectura. De su abuelo materno heredó la vocación artesanal y de sus dos abuelos, la actoral. Uno era actor dramático y el otro, cómico de la lengua. Una rara combinación. ¿Cómo Les Luthiers? |